Si el Norte fuera el Sur.

La conformación del Estado soberano implica un complejo proceso de construcción social, en donde intervienen distintos planos y componentes con el fin de estructurar la sociedad. Éstos, como explica Oszlak en “La formación del Estado argentino”, son resultado de diferentes problemas y desafíos que se desarrollan en la historia, así las posiciones y recursos adoptados para resolverlos.

Existen, según el autor, ciertos atributos que definen la “estatidad”, para la organización del poder y el ejercicio de la dominación de la sociedad, estos son: la capacidad de externalizar su poder (obteniendo reconocimiento como unidad soberana), capacidad de institucionalizar su autoridad (en una estructura de relaciones de poder), capacidad de diferenciar su control (a través de instituciones públicas para extraer recursos de la sociedad civil), capacidad de internalizar una identidad colectiva (mediante símbolos que refuerzan sentimientos de pertenencia).

El conjunto de dichas capacidades define a un Estado nacional, sin olvidar que éste es abstracto y material a la vez: se conjugan las actividades económicas y la difusión de valores, símbolos y sentimientos de pertenencia que crean una identidad colectiva.

En América Latina, el proceso de emancipación de la autoridad del Estado colonial supone un punto en común de arranque para la formación de Estados nacionales. En el período independentista existieron múltiples poderes locales, a las que se les superpusieron con los años distintos órganos políticos con el fin de sustituir el sistema de dominación colonial. Las bases materiales comenzaron a formarse gracias al surgimiento de oportunidades como de inversión y diversificación de la actividad productiva e intermediaria, el crecimiento de demanda externa, grandes corrientes migratorias, inversiones en infraestructura y auge de exportaciones; logrando la incorporación al sistema capitalista mundial.

Las nuevas formas de dominación económica requerían políticamente una constitución y control por parte de un sistema de dominación capaz de expandir y reproducir el nuevo patrón de relaciones sociales. Dicho sistema de dominación fue determinante y consecuencia del proceso de expansión del capitalismo. El “orden” y “progreso”, fórmula del credo positivista, condensaban las principales preocupaciones de la época gobernada por el consumismo. El Estado Nacional, entonces, parecía ser el único capaz de crear condiciones y movilizar los recursos suficientes para combatir el desorden y el atraso.

De alguna manera, los problemas formulados en torno al orden y progreso nunca acabaron de resolverse. La reproducción del sistema capitalista implicaba nuevas intervenciones estatales con el fin de resolver otros aspectos de las mismas cuestiones que planteaba este sistema contradictorio.

Los problemas formulados en torno al orden y progreso nunca acabaron de resolverse. La reproducción del sistema capitalista implicaba nuevas intervenciones estatales con el fin de resolver otros aspectos de las mismas cuestiones que planteaba este sistema contradictorio.

Este proceso de formación, plantea Bourdieu, se manifiesta a través de diferentes capitales específicos que le permiten a Estado ejercer un poder y control sobre distintos campos, estos son los siguientes:

  • El capital de fuerza física o coerción, como el ejército y la policía, con el fin de garantizar un orden que se da a entender sólo puede ser proporcionado por estas instituciones especializadas con el derecho de ejercer violencia física de ser necesario. Las fuerzas armadas se diferencian en las fuerzas militares (dedicadas a competencia interestatal) y las fuerzas de la policía (destinadas al orden interior).
  • Capital económico, conformado por la recaudación a través de impuestos de carácter obligatorio y regular, aplicables “a todos los grupos sociales”, es decir, un sistema de recaudación y redistribución, que a su vez funciona como principio de cambio hacia un capital simbólico ya que se representa al Estado como un territorio unitario donde todos está sumidos a las mismas obligaciones creando una conciencia nacional.
  • Capital informacional que se acompaña de la unificación del mercado cultural, es decir, el Estado concentra la información, la trata y la redistribuye. A través de procedimientos burocráticos, estructuras escolares y rituales sociales el Estado modela estructuras mentales e impone en la sociedad principio de visión y división comunes, contribuyendo a formar una identidad nacional. La unificación cultural y lingüística está acompañada por la imposición de una lengua y cultura dominante como legítimas, rechazando a otras como indignas.
  • El capital simbólico aparece como una forma de acompañamiento de los demás capitales. Es cualquier especie de capital que sea percibido por los agentes sociales y esté en condiciones de conocerlo y de reconocerlo dándole valor.
  • Capital jurídico aparece cuando se objetiva, codifica y garantiza por el Estado un capital simbólico que aparecía como difuso y solo fundado por el reconocimiento colectivo.

En la sociedad el Estado es determinante para la producción y representación de instrumentos de construcción de la realidad social, ejerciendo acciones formadoras de disposiciones durables a través de todas las violencias corporales y mentales que imponen a través de sus políticas e instituciones, entre ellas, la escuela.

Como aporta Imen en “La escuela pública sitiada” las crisis del capitalismo de las primeras décadas del siglo XX condujeron a alternativas como fascismos, revoluciones socialistas y la recomposición del bloque histórico a través de capitalismos de bienestar o Estados de bienestar. Luego de la guerra de los 40, el sueño de un capitalismo humanizado volvió a decaer generando que la clase dominante elevara al rango de política de Estado un nuevo proyecto de neoliberalismo, que promueve la centralidad del mercado, la inevitabilidad del egoísmo y la desigualdad, y la invalidez del Estado para distribuir equitativamente la riqueza y el conocimiento. En cuanto a educación, este modelo propone la búsqueda de variantes que confluyan en un sentido de libertad individual. Reivindica a la educación como una mercancía que viene acompañada de un diagnóstico de crisis acusando principalmente al propio Estado, sus funcionarios y sindicatos docentes. Ésta se basa en la pérdida de poder de los padres y el exceso de poder de burócratas y docentes, ya que se priva a los padres del control sobre el tipo de educación que reciben sus hijos.

Se trata a la educación con la idea de una mercancía, en el sentido de compararla con la actividad industrial, siendo los padres e hijos los consumidores y los docentes y administradores, los productores; entonces la centralización educativa supone unidades de mayor tamaño, reducción en la posibilidad de elección de los consumidores y un incremento de poder para los productores.

El autor se basa en tres aspectos que tienen especial relevancia, uno es el nivel axiológico, ya que se inducen valores que no son neutrales como el egoísmo, la competencia, la desigualdad, etc. que distan de construir estudiantes comprometidos con un destino común. Otro, el plano epistemológico, en relación a la actitud y la actividad sobre el conocimiento (idea de paquetes envasados de conocimiento) que construyen un sentido común de autoridad incuestionada del saber experto. Y por último: el plano de las dinámicas concretas de la relación pedagógica, de la dinámica escolar y del sistema educativo, dejando poco a elección en las manos de los maestros, a medida que el Estado invade cada vez más los tipos de conocimientos a enseñar, los productos y metas, y los modos de llegar a ellos sin posibilidad a ser cuestionados.

En resumen, desde los inicios de la creación de los Estados nacionales se cuenta con estrategias y recursos para mantener un sistema de control y dominación física y simbólica en la cual las escuelas tienen un papel fundamental.

Los gobiernos de turno, sea cual fuese su ideología política, crean políticas educativas que manifiestan su proyecto de país y un modelo social, estableciendo cuáles son los conocimientos  y valores que debe saber la población para poder insertarse, en un futuro, en el mercado laboral capitalista.

Como se plantea en el video “Caminos de tiza”, en América Latina hubo un importante proceso de reforma en las décadas de los ’80 y ’90, intentando vincular a la escuela con un sistema productivo reforzando el individualismo y la competencia que promueve el neoliberalismo explicitado anteriormente. Desde hace años, se intenta crear procesos de inclusión verdaderos donde no baste solo con que todos los niños puedan asistir a la escuela, sino que realmente pueden tener una educación formada en igualdad y de calidad.

Para ello es necesario partir de un diagnóstico para presentar prioridades de problemas a resolver, con qué recursos se cuenta y cuáles son los actores involucrados para incorporarlos al diseño de las políticas. Así, tal vez, pueda solucionarse el gran problema central de tener escuelas del siglo XIX, con docentes del siglo XX, educando alumnos del siglo XXI.

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Bibliografía

  • Bordieu- Espírutu de Estado-1996
  • Oszlak- “La Formación del Estado Argentino”
  • Imen Pablo “La Escuela Pública sitiada. Críticas de la transformación Educativa” Cap I-II-2005

Caminos de tiza – Políticas educativas y trabajo docente – 28-11-15

Bazzanella, Sabrina

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